Adiós Amigo, hora de regresar a casa, mi mamá me llama
No puedo negar que tuve una niñez muy normal, habían amigos contemporáneos a las cuales le teníamos mucho respeto y admiración, habían amigos llevaderos que nunca decían no a las aventuras de barrio y por supuesto, habían amigos que eras los más temidos y eran justamente ellos los que reinaban en la cuadra. Verdaderos líderes diría yo, quienes no solo te decían que hacer, si no también daban la cara en las broncas de defensa al grupo. Ellos imponían el orden y el mando de decidir qué hacer, de no ser así, nos podía pasar dos cosas, o bien nos caía golpe o nos caía la indiferencia e inclusión de los juegos y aventuras de aquella época. Algunos lo entendían como reglas y otros solo jugaban a ser subordinados de juego en nuestro amado barrio de tingo pampa. Y es que; cuando nos tocaba reunirnos disfrutábamos al máximo nuestras etapas de crecimiento, de complicidad y holgorio que todos ellos expresaban los momentos más felices de nuestra etapa de niño.
Entre tareas de la escuela, actividades de la casa y asistencia al llamado de los amigos del barrio, fue que se crearon historias en nuestro crecimiento, donde no nos hubiera ocurrido detenernos a pensar en el final de una vida, más si en los juegos o travesuras por la voz retozona de la mamá que te decía con un “Quihora vas a venir” que culmino tu hora de recreo. Donde hoy después de mucho tiempo entendí que no fue necesario identificar edades para decir adiós a cada integrante de la manada, que poco a poco y con el transcurrir de los años fueron marchándose del barrio conjuntamente con la familia, algunos a radicar a otra ciudad ya sea nacional ó internacional, otros por estudios, otros por circunstancias y necesidades y para unos cuantos que se marcharon sin retorno al viaje eterno, que me apena recordarlo y más aún mencionarlo.
- A mis 8 años me toco despedir a mi vecino el “Shelico”. Rodó en el rondón, a las afueras de la ciudad por su travesura y por soltar en cuestión de segundos las manos de su mamá. Él tenía 8 años, él era hablador, él era guitarrista, y justamente él, tenía el don a su corta edad de darle melodía a las cuerdas de su guitarra.
- A mis 17 años me enteré de la muerte de “Quique” un amigo, vecino y primo, que buscó la muerte tras una botella de alcohol, una botella que pudo más que él, aunque me imagino lo difícil que fue no poder superar ese problema que por ser una enfermedad, muchos así como él han fallecido en el intento.
- A mis 29 años me toco despedir, al vigilante de la cuadra, al que tenia nuestro respeto por la edad que tenia, “Vishe” era seguidor del famoso partido ya desaparecido FRENATRACA, pero también era epiléptico y sufría shocks constantes, aunque no murió en su propia casa, la misma que era muy accidentada, llegó a morir lejos de ella. Una recaída le llevo a rodar por unas escaleras.
- Hoy a mis 37 años, me toca decir adiós con nostalgia, a un más que primo, al amigo eterno llamado “Leonardo”. Un accidente de trabajo en el mercado de Chachapoyas le puso fin a su trayectoria de vida, en cuestión de segundos la tragedia en forma de puerta trasera de un volquete le frenó sus sueños. Fue una persona de combinación sumisa y aguerrida, justamente con ese perfil hoy se nos adelanta.
En lo particular diré que; los hechos son constancias de la vida, que vienen acompañadas por personas que arman el libreto perfecto para que justamente esa vida con el tiempo se convierta en vivida. Todos queríamos ser protagonistas, todos queríamos ser los mejores, pero nunca perdimos el respeto por las personas y menos entre nosotros mismos. Ese compañerismo que creo yo, nos caracterizaba desde pequeños, han formado parte de nuestro crecimiento que no podría terminar con un adiós, sino con un hasta pronto, algo que ni la edad, ni el tiempo, ni la misma muerte podrán borrarlo. Amén.
Un aprendiz de 80 años.
