SI VAS A DECIRME ALGO. MÍRAME A LOS OJOS.
Que no me vengan a decir, que la vida es fácil para los que se la llevan fácil. Viajar 4 horas diarias para culminar la universidad por casi 5 años, caminar 60 cuadras porque no me alcanzó el pasaje de regreso a casa. Compartir con mi amigo una semana solo sopa de cebolla, no nos hace candidatos al premio mayor, pero si al mejor aprendizaje.
Jamás podría negar que me choque con la tentación de la vida fácil. Pero la voz de la conciencia fue más y quería seguir en la espera de disfrutar triunfos que ciegamente creo, la vida me brindo y me seguirá brindando.
Que a nadie se le ocurra decirle a este servidor, que se ganó 10 céntimos sin merecerlo. Ni si quiera se le ocurra a alguien meterme en sus ideas de ambición, porque no lo necesito. No me hace falta. Mil veces preferiría esforzarme los 8 días de la semana en 3 o 4 trabajos para ganar lo que muchos miserablemente en un día se ganan haciendo solo un click o firmando sin respeto a la profesión que uno tiene.
Más respeto a las personas que obran con buena intención.
No necesito que me cuenten cuentos de quién es quién y menos decirme con quien debo o no hablar.
La experiencia nos hace y nos fortalece, pero la ambición viene y se va como una ilusión que te sube al cielo y te aterriza de nariz.
No me hace menos, saludar a personas asi. Porque también son parte del paisaje.
Un aprendiz de 80 años.
