HICE BIEN QUERERTE

Publicado en por PERCY ZUTA

Cuando tienes hermanos mayores, no hay duda que, aprendes de los pasos que ellos dan,  aprendes a escuchar sus experiencias, sus quehaceres, aunque al final te digan, ¡ahhh! que saco contándote a ti. Pero en mi caso yo los entendía a la perfección, y hasta quería emitir mi opinión, pero eso, no era me imagino lo más importante para ellos y más si uno tiene 9 años.

En 1989, todo era novedoso en cuanto a videos musicales. El betamax (algo que hoy conocemos como el blu - ray), era la sensación para tener en primicia esos videos famosos de tus artistas favoritos. Pero para los que carecíamos ese privilegio, no nos quedaba mas que, esperar el fin de semana a que los administradores del único canal de televisión en nuestra ciudad, cambien su programación, al canal de América televisión y transmitir ese programa de “siempre es domingo”, programas grabados del monstro de televisa - México.

En aquellos años, los paseos de campo ya sea por el colegio, primera comunión o confirmación, eran lo más esperado; donde grupos de jóvenes sacaban lustre de su mejor fiambre para ir a pasear a las afueras de la ciudad, y es que no era una simple comida, si no ¡LA! Comida; llamaré a esto, no a la exquisitez del plato si no a la calidad de ingredientes que debería tener como mínimo: carne, res o pollo, pato, chancho, carnero (un orden de menos a más ficho). Todo eso puesto en el mejor tazón, pues la ocasión se prestaba, para relucir la mejor vajilla de las queridas viejitas y más si era envuelto con su mantel; En mi caso, confesaré era llenado al borde de mote con su cascara para completar la ración y la barriga. Estupidez en aquella época al decir… ¡pucha que roche!. Pero que bien que uno comía con el hambre. La bebida preferida, no por uno, si no por nuestros papas, era la limonada, preparado con azúcar o con chancaca dependiendo del gusto, pero que con la sed, solo nos duraba de ida y a medio camino (No hay duda que las chorreras que encontrábamos en el camino eran nuestros salvavidas).

Yo tenía y tengo la bendita costumbre de perder algo al regresar (algo que no he superado en el tiempo, es creo, mi cábala), al final quizá era secundario extraviar algo mío, pues con tal de que no regrese perdiendo el tazón o mantel de mi madre todo estaría bien. Pero para que todo esto se concrete, con eso, del paseo perfecto, era el grupo de amigos con quien ibas y los requerimientos básicos a llevar: linterna para la noche, pilas para la radio, aguardiente para beber, preservativos para… Aunque la linterna para que, si sabíamos que estábamos de regreso antes del anochecer. Recargas de pilas para una radio que en la distancia ya no cogía señal y no tenia casetera. Según nosotros, aguardiente para subir la adrenalina de tomar a escondidas de nuestros profes o guías, pero terminábamos regalándolo a alguien del campo. Lo único que utilizábamos eran los preservativos, pues cumplían su fin, inflados y soltados en plena ronda del grupo. wauuu eso era ser vivísimos, era lo más atrevido y achorado de nuestra niñez.

Era el mes de la primavera, y los paseos de campo organizados por la parroquia con todos los grupos de la iglesia ya tenían fecha establecida. El lugar elegido de aquel entonces fue: el corralón,  ruta al aeropuerto viejo. Para los de nuestra edad, era mirar a las mejores chicas de la época, a los chicos populares que los teníamos envidia por el jale y la compañía que tenían (“dichosos carajo”, era nuestra única palabra repetitiva). Recuerdo que en aquella oportunidad, tuve el honor de unirme al grupo de 16 años, pues creo que vieron en mí, la oportunidad de hacer su tarde, tenía algo que les faltaba, y eran las pilas national que tenía en mi poder. Después de todo a mi no me servían de nada.  Y creo fue mi destino caer ahí para poder ver a esa chica que la llamaré bárbara. Y mi amigo, mi pata, mi causa de tantos minutos de amistad (5 minutos), era el galán de ella, y me la presento con besito y todo, que mas podía hacer, es decir ya era el envidiado de mi grupo, aunque nunca me creyeron cuando les conté.

Luego de unos minutos de haber captado la atención por ser el artífice de tener pilas de recarga para la radio grabadora, pues iba observando que todos se emparejaban como si se conocieran de toda la vida y fluía el sentimiento de que solo nosotros podemos haber visto y disfrutado en aquellos años. No había ningún tipo de trago en la ronda ( a lo mejor ya se lo habían soplado todo… no lo sé), eran el grupo más alegre, y lo que más me cautivó fue que todo el grupo de chicas que hoy solo puedo recordar sus caras y que al cruzármelas en algún lugar, me vienen los recuerdos a la mente, Se juntaron entre todas y les cantaron este tema en coro para los afortunados chicos, su amor de juventud de momento, de emergencia, etc. Casi, casi ensayado a la perfección les salió la coreografía a estas chicas, y la dedicación única definitivamente. Mejor les dejo este tema “ Hice bien querer” con Ana Gabriel. Un éxito que disfrutaron mucho en aquella época, donde el casette a la mano era el privilegio de almacenar música de aquel entonces. En lo que respecta a mí, me fui alejándome poco a poco del grupo y regresar a mi casa al finalizar la tarde, hasta mis compañeros ya habían pegado el retorno. Pero por alguna razón me gustó ese día, ese momento, ese lugar. Siento que disfrute una extraordinaria tarde, no de una historia mía, sino  de un espectador en primera fila de un grupo de chicos que hicieron una tarde amena y divertida que lo recuerdo perfectamente.

Aquí les dejo este tema para que lo escuchen y lo disfruten. Será por eso que en lo particular a mí me gustan las voces ronquitas.

Publicidad
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post