¡Grande SEMINARIO!, ¡Ese es mi colegio!
En el año 1990 egresó la primera promoción de mi colegio seminario, han pasado 25 años o 25 promociones egresadas desde aquel entonces, una institución que en los años 90´s se propuso ganar cuanto concurso había, en 5 años ya teníamos un batallón de puro gallardetes y premios, también ganamos un gran aliado o aliada como es el colegio Virgen de Asunta, pareja fiel y de la misma línea religiosa nuestras queridas Asuntinas, que junto al papa de las instituciones, el Glorioso San Juan (a la cual le tengo un gran respeto) le dieron nivel y competitividad educativa a nuestra querida Chachapoyas de aquel entonces.
Vivir con grandes personajes que tuvimos la dicha de compartir experiencias y locuras de aquel entonces en un una Institución Educativa (prefiero llamarlo siempre colegio), y sobrevivir entre los grandes y chicos, es el punto clave que marco nuestro horizonte como personas. Éramos sin duda una sarta de peleachos a la hora del recreo, que hasta tenias que comer a escondidas para que no te quiten el refrigerio, me refiero a los alumnos de mayor grado, era el mayor abuso recibido para los de inicio de secundaria. Pero todo eso quedaba de lado cuando nos sentíamos defendidos en las calles por estos mismos compañeros frente a chicos de otros colegios. Todos éramos una gran familia. Resumen: en la calle eras un hermano seminarista y en el colegio el mas empujado y sometido a la tranquilidad y respeto.
Ese era el seminario; un Lugar que estudie mi primaria y secundaria, donde a mis 7 años actuaba de cupido de un amor tal vez verdadero entre mi amigo y su madre que quizá nunca se concretó con el tiempo. A los 8 y 9 años la hice de cantante con mi profesor Óscar el shapingo en ese gran teatro seminarista. A los 10 y 11 años fuí integrante del coro como segunda voz y mi descubrimiento que el fulbito y el futbol no me tenían fé para practicarlo. Ya en la secundaria las cosas fueron mejorando, inquieto al querer dármela de alumno esmerado que sin duda el deporte el arte y las letras fueron mi fuerte (ironía si lo vemos que años después mi carrera seria de números como la economía). A los 12 y 13 años dedicado de lleno a la música como integrante de la primera camada de esa banda de música, tal vez el inicio de que años más tarde (1998), se consagrara ganador de una misión imposible como el concurso de bandas de la Región Nor oriental del Marañón de aquel entonces, euforia total, superando al siempre ganador San José de Chiclayo y al rival que todo seminarista desearía ganar, al colegio San Juan de la Libertad.
A mis 14 años cumplí un sueño de integrar la selección de básquet de este gran colegio, mi única vara fue ser zurdo y la recomendacion del profesor Arturo Tenorio. A los 15 y 16 años a parte de la música y las magistrales clases de laboratorio y mecanografía de aquel entonces, era mantenerse en el equipo de básquet, ya que atrás de uno había una cola esperando un error tuyo para tomar la batuta, gran exigencia que me imagíno se superó con el tiempo. Si a eso sumamos que tanto en el jardín, primaria y secundaria, pertenecí a la escolta, honor y orgullo por aquel entonces cuando la ciudad entera prendía la mirada en las famosas competencias de escoltas en el mes de julio.
Mi colegio es el seminario, una institución que se atrevió a competirle al gran colegio San Juan, si ellos éran el glorioso!, nosotros éramos el victorioso! donde pasaron por sus filas grandes estudiantes, medidos por el nivel profesional que hoy tienen y están dispersos en todo el mundo. Un colegio que a parte de los ensayos de marcha en el conocido jirón puno, en las temporadas de competencia por las noches se armaban las batallas campales con nuestro rival eterno, convocados únicamente por la unión y compañerismo de cuidarse en las buenas y las malas, sin usar celular, redes sociales ni otro medio, algo que ni la película Corazón Valiente ganadora de Oscar´s lo supera. Un colegio que te enseño a tener disciplina, a tener visión y compañerismo, a la humildad para ganar y hasta para aceptar derrotas. Nunca se escuchó drogas, muchos dirán porque era más caleta. Nunca se vivió robos más que de lapiceros e insignias para usarlo a la hora de entrada y así evitar que los tíos (con cariño) Germán y Wilson auxiliaries de toda la vida, no nos hagan ranear, debo confesar que también lo hice pero solo fueron unas 3 veces nada más. Nunca se escuchó faltarle el respeto al profesor, porque ya por ahí nos caía un 41 como decía el profesor Aliaga, tampoco un padre se quejaba, al contrario eran sus aliados y alentados a seguir haciendolo, ofreciendo hasta gallina al profesor para que nos sigan dando con tal de mejorar nuestro comportamiento, o sea por ese lado teníamos pierde.
Una época que considerábamos héroes a los que saltaban el muro de adobe de aquel entonces a la hora de clase y que al dia siguiente eran acusados en plena formación, ¡Qué valor!, ¡Esos eran mis ídolos!. No comentaré de sacar cargo en el curso de religión por no saber el credo, a pesar que era monaguillo, o raptar internas, porque es algo muy personal, y nada grave como para detallar. Pero que adrenalina a la hora de ir a las bibliotecas a las ganadas para prestar libros a la hora de hacer las tareas y ese reto de escribir hojas y hojas a una velocidad más que del internet (claro en chachapoyas cualquier cosa es mas rapido que nuestro internet) y sobrar un tiempito para ir a visitar a las compañeras asuntinas de la época en nuestra plaza de armas, donde teniamos como testigo el monumento de Miguel Grau, sustituido años después por Toribio Rodríguez de Mendoza. Donde también si hablamos de los domingos era hablar de misa a las 7 de la noche, aunque solo era llegar a la hora de escuchar la liturgia y no ser sorprendidos por el profesor de turno, los lunes a primera hora con la pregunta sobre qué se trató.
Muchos dirán que aburrido fue esa época de colegio, pero aparte del estudio y las competencias, fue las épocas del techno, de las discotecas a un sol la entrada, de las matinés con gaseosa y canchita, de los quince años invitados o no pero conectados con la emocionada quinceañera, curiosamente hoy cambiados por el play, las drogas, las fiestas semáforo, y claro los colegios particulares, entre otros, que a la larga pueden llegar a ser solo una simple apariencia.
Un aprendiz de 80 años PZC.