EN MI PAÍS: LA PENA DE MUERTE SE CONVERTIRÍA EN UNA MUERTE CON PENA.
Muchos se han pronunciado, y muchos nos hemos inflado el pecho de valientes para gritar con impotencia: ¡Justicia! ¡Justicia!. Como respuesta a tanta violencia y que en el Perú está llegando a los limites no permitirles que indigna a todos. Ya no basta con decir que ni de la muerte ni de la cárcel ni de un hospital estamos libres, sino que también hay que sumar; ni de una psicópata los niños están libres.
Legalmente:
Cuando un acto de violación y homicidio se vuelve mediático, todos decimos pena de muerte, pero, qué hacemos para los casos que son igual de escalofriantes y pasa desapercibido?. ¿qué tenemos que hacer para que se dé la pena de muerte en nuestro País?. Para empezar nuestra constitución no lo permite. Hace 39 años el Perú ratificó un tratado internacional de convención americana sobre derechos humanos, conocido como el pacto de San José de Costa Rica, sobre la pena de muerte solo para delitos de traición a la patria, homicidio calificado y otros supuestos (quizás aquí estaba la interrogante) pero sin embargo cuando se creó la constitución de 1979, solo se mantuvo la pena de muerte por traición a la patria, eliminando los demás delitos mencionados.
En la constitución de 1993, en su artículo 140, indica que la pena de muerte solo puede aplicarse por traición a la patria en caso de guerra y por terrorismo, conforme a las leyes y a los tratados de que el Perú es parte obligada. Es decir, este pacto prohíbe extender la pena de muerte para delitos que no estén contemplados con anterioridad. Qué opción nos quedaría? Renunciar y salir de la convención.
Socialmente:
Nos estamos volviendo una sociedad rebelde y generando marchas en paquetes: Por la paz, por el maltrato a la mujer, por indultos, por la igualdad de género, por la caída y subida de precios de los productos, por la pobreza, por la inseguridad, por un gobierno que no nos gusta, por accidentes de tránsito, por incremento a los profesores, a los policías, a los enfermeros, etc etc, es decir manifestaciones a montón, solo para mostrar nuestro malestar como persona, como ciudadano, a tantos problemas y abusos que nosotros mismos hemos generado, es decir, protestamos contra los malos que no son de Ganimedes ni de otro planeta, simplemente somos nosotros contra nosotros mismos.
Si mal no recuerdo desde el 2006, se ha intentado aplicar la pena de muerte para sicarios y violadores de menores de edad, mediante un proyecto al congreso para reformar la constitución, pero en el proceso y con los antecedentes indicados líneas arriba, es de suponer que no tuvo éxito y tal parece que volveremos a fallar a favor de los violadores y asesinos. Hoy los hechos que suscitan nuevamente el interés, es justamente por noticias repudiables que nos toca vivir ante monstruos que sin piedad ni con el menor reparo, hacen daño a personas inocentes e indefendibles, que nos indigna y a más de uno le impulsa a generar justicia con sus propias manos (me incluyo).
Tácitamente
A lo mejor si mañana un gobernante de mi país con autoridad, toma la decisión de renunciar al pacto de San José y propone implantar la pena de muerte en nuestro país contra tantos abusos de violencia sexual a mujeres y niños, estoy seguro que a partir de ese momento, la justicia lo convertiría en una muerte con pena, al evitar sentenciar a ese nivel. El tiempo nos dice, que mientras más filtros y más exigente son las normas y leyes en nuestro país, más rápido se le saca la vuelta o se patea los casos, para evitar responsabilidades. Los abusos, homicidios y tanta violencia, no es un problema actual, es un hecho de siempre y seguramente existirá hasta nuestra extinción y justamente porque no hacemos nada para evitarlo, al contrario estamos dejando morir el término justicia en todo el contexto de la palabra.
En este preciso momento, en que escribo estas líneas, cuántas familias estarán buscando a un ser desaparecido, cuántos niños están siendo maltratados y cuántos de ellos vivirán con suerte pero con esa cruz que llevaran de por vida. Estadísticamente está demostrado que es muy fácil jugar con la inocencia de un niño y aprovecharse de ello para hacerle daño. No basta con meterle en el inconsciente a un niño de; qué es lo que no debe hacer, pues la atención y la supervisión constante de la familia tiene que ser latente, creo yo, fundamental para no lamentar hechos trágicos más adelante, no diría solo a un ser inocente, sino más bien a un ser humano y todo lo que ello significa.
Un aprendiz de 80 años.
