Y TÚ, ¿QUÉ LAYA ERES?
Yo soy de la época, donde las madres de este rincón del país, no dependían de especialistas de salud, donde ir a un hospital era un privilegio y las parturientas para salir con éxito comían el famoso huevito semi cocido con su comino y listo, era un parto exitoso.
Yo soy de la época, donde quizá vi por última vez, autos de carrera llegar por nuestra pésima carretera y ver caer paracaidistas en las pampas de Higos Urco, cayéndome y levantándome sin importar el dolor por lo asombroso, tal vez prediciendo que nunca más se volverían a ver esas cosas en estas rutas y cielo chachapoyano (al menos espero no sea por las tontas prohibiciones del ministerio de cultura).
Yo soy de la época, donde caminabas por las calles sin usar veredas, y sin preocuparse de que un carro te pase por encima, salvo quesea ese camión pintoresco con caceta de madera del tío shevita Cueva, seguro estoy de quienes subimos a ese carro, disfrutamos del viaje, además de ver las vueltas incansables del volante para dar una simple curva.
Yo soy de la época, de las grandes colas para comprar la famosa leche ENCI, una botella de aceite (capri) y el tan mencionado y menos importante kerosene, sin duda un paliativo de las épocas de crisis del primer periodo de Alan García, donde todos a nuestra edad (7 a 9 años) teníamos en el bolsillo billetes con valor de hasta 6 dígitos (millones de intis) cuyo valor nos servía cabalito (completito), para satisfacer nuestras ganas de comer las famosas champas y los infaltables alfeñiques (un dulce bandera de mi querida chacha).
Yo soy de la época, de la escasez de canchas para practicar nuestro fulbito, la única cancha reglamentaria eran nuestras cuadras del vecindario, donde las piedras fingían de arcos y los goles al ras de piso eran la única opción ya que a 50 centímetros de altura era considerado por reglamento cima del arco, y el único arbitro que podía parar los partidos eran nuestros padres que en diferente tono de acuerdo al genio te llamaban correa en mano y boj con su cara, que tu diversión acababa de terminar.
Yo soy de la época, donde los cajones con pantalla a blanco y negro llamado televisor, eran la reliquia de la casa, donde las novelas “Tu o Nadie” y “Pasionaria”, causaron alboroto a la ciudad, donde ni los cortes de energía por sectores impedía cargar cajones de todo tamaño para no perderse ni un capitulo, y claro fue la época del tema de moda Danzando Lambada del grupo kaoma a finales de los 80´s, generando tal vez la indignación de los que peinaban canas en aquel entonces por sus pasos atrevidos y desafiantes de este ritmo.
Yo soy de la época de los uniformes grises, como su nombre lo dice; uniformes universales para todas las escuelas y colegios, indicando así la mejor prueba de unión educativa de la época, donde los profesores se dedicaban a enseñar y no a pelearse por cargos administrativos como se ve hoy en día. Y si hablamos religiosamente soy de la iglesia con fachada de puro lunas, y a lo mejor de la época con mayor devoción religiosa por nuestra patrona Virgen de Asunta y mejor aun de la época del mejor papa de todos los tiempos, Juan pablo II (Karol Wojtyla), que desde su llegada al Perú por primera vez en el año 1985 me confieso su fiel devoto por sus características de ser humano y conocedor de la verdadera fe católica.
Los tiempos pasan y pasan cada vez más rápido a vista y paciencia de todos, tal vez los momentos son de cómo lo vivas, de cómo lo disfrutes y de cómo lo recuerdes. Siempre tendremos la nostalgia de revivir nuestras épocas, nuestras mejores épocas y sentirse orgullosos de donde somos, y yo soy de este rincón de nuestro Perú llamado Chachapoyas, nací en mi querido Tingo pampa al pie de la capilla donde el acceso de aquel entonces era imposible cuando llovía, al menos el día que nací fue un torrencial incansable, donde ni la partera quiso ni pudo pasar para atender a mi madre, de no haber sido por mi abuela a lo mejor ni la contaba. Años más tarde por estudiar una carrera dejé un espacio de mi vida en esta ciudad, pero regresé dejando en el lenguaje de mis compañeros y colegas de la universidad donde estudié, los dialectos y las costumbres de mi querida Chachapoyas, porque como ciudad no tenemos nada que envidiar pero si mucho que mostrar, y es que tenemos todo para ser mejores, como personas, como ciudad, como región, y a mi parecer el único secreto es no perder nuestra identidad.
Yo soy un lluca (zurdo) chachino, amante del mote, del locro y del guarapo. Y tú, ¿qué laya eres?.
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